Resumen Ejecutivo

En una reciente audiencia del Congreso de Estados Unidos, cuando se le pidió al presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, que clasificara las mayores amenazas sistémicas para la estabilidad financiera mundial, respondió: "Lo que más me preocupa realmente es el riesgo cibernético." Calificándolo como "otra epidemia", Powell señaló que el riesgo cibernético es aún más perjudicial que los riesgos de préstamo y liquidez que condujeron a la crisis financiera mundial de 2008.

El presidente Joe Biden fue un paso más allá. Si este país tiene una "verdadera guerra a tiros", podría ser el resultado de ciberataques, advirtió mientras pronunciaba un discurso ante la Comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos en julio de 2021. Mientras tanto, los ministros de Economía de los países del G-7 han expresado una preocupación similar por el aumento de los "ciberataques maliciosos" en medio de la pandemia del coronavirus (COVID-19). Los ciberataques "han crecido en escala, sofisticación y frecuencia", causando "importantes daños económicos y [amenazando] la protección de los clientes y la privacidad de los datos", afirmaron los ministros.

Sus preocupaciones están justificadas. En el último año, los hackers y los delincuentes han aprovechado la pandemia de COVID-19 y han intensificado sus ataques a todos los sectores empresariales en numerosos países. El número de ciberdelitos batió todos los récords en 2020. El informe Cyber Security Risk Report 2021 de Aon muestra que el número global de ataques de ransomware creció preocupantemente: un 400% desde el primer trimestre de 2018 hasta el cuarto trimestre de 2020. La empresa de ciberseguridad SonicWall también señala que en el primer semestre de 2021 los ataques de ransomware se dispararon a nivel mundial hasta alcanzar un total de 304,7 millones de dólares en pagos, superando el total de todo 2020, que fue 304,6 millones. Huelga decir que la ciberseguridad también ha pasado a ocupar un lugar destacado en la agenda de las organizaciones que participan en la Encuesta Global de Gestión de Riesgos 2021 de Aon, cuyo aspecto destacado es la lista de los 10 principales riesgos, una clasificación de los principales riesgos a los que se enfrentan las organizaciones en la actualidad. El riesgo de ciberataques y violaciones de datos ocupó el primer lugar, y se prevé que sea también uno de los principales riesgos en 2024. De hecho, la ciberseguridad es considerada como uno de los 10 principales riesgos en todos los sectores encuestados y todos los puestos de trabajo, incluidos los directores financieros, directores ejecutivos y directores de personal. Estas perspectivas sobre las amenazas cibernéticas son sólo una parte de la Encuesta Global de Gestión de Riesgos 2021 de Aon, que ilustra la cartera de riesgos corporativos actuales, tanto tradicionales como emergentes. Esta encuesta bienal a través de Internet ha recogido las respuestas de 2.344 responsables de la toma de decisiones sobre riesgos de 16 grupos industriales, que incluyen pequeñas, medianas y grandes empresas de 60 países. Su sólida representación ha permitido a Aon proporcionar información sobre las prácticas de gestión de riesgos por zonas geográficas y sectores empresariales, y ha validado los datos sobre aquellos riesgos comunes a todos los sectores.

Resultados Clave: Lista de Los 10 Principales Riesgos

Los encuestados han seleccionado y valorado los 10 principales riesgos a los que se enfrentan sus organizaciones en la actualidad:

Una nueva entrada en la lista que proyecta una larga sombra sobre los principales riesgos

A medida que el COVID-19 sigue mutando y propagándose, haciendo que las vacunas sean menos eficaces, el miedo y la ansiedad, junto con la información confusa y contradictoria sobre su imprevisible impacto, han agravado la preocupación por el riesgo de pandemia y crisis de salud. Este riesgo ha entrado en la lista de los 10 principales por primera vez este año, pasando del puesto 60 en la encuesta anterior al siete en la actual. Como era de esperar, la pérdida de ingresos declarada por el riesgo de pandemia en los últimos 12 meses ha aumentado del 2% en 2019 al 79% en 2021. Durante más de una década, el riesgo de pandemia y crisis de salud ha estado relegado al final de la lista de riesgos de Aon, a pesar de las constantes amenazas de la gripe aviar y los virus del SARS, MERS, Ébola y Zika. Habiendo previsto el impacto potencialmente devastador de estas enfermedades, los expertos de Aon destacaron repetidamente este riesgo en varios informes, caracterizándolo como una amenaza infravalorada. En 2013, Aon encuestó a más de 100 directores de cautivas y preguntó a los participantes si se infravaloraba el riesgo de pandemia y crisis de salud, que ocupaba el número 44 en las encuestas anteriores de Aon. Para nuestra sorpresa, los encuestados se mostraron indecisos en esta cuestión, ya que sólo el 39% consideró que estaba infravalorado. Luego llegó la pandemia de COVID-19, la mayor de la historia moderna. A diferencia de una crisis típica que sigue un camino lineal hasta su conclusión, la pandemia de COVID-19 se ha desarrollado en múltiples oleadas de contagios, lo que ha exigido a las organizaciones pivotar rápidamente entre la reacción, la respuesta, la recuperación y la remodelación. Esta pandemia es un evento que se ha visto impulsado por una serie de factores aún desconocidos e interconexiones ocultas que se combinan para amplificar los impactos y efectos de la pandemia. El riesgo de pandemia es un problema en sí mismo, pero también ha actuado como catalizador y amplificador, acelerando los cambios en la forma de operar de las empresas y, a su vez, acelerando otros riesgos existentes de la lista de los 10 principales. Por ejemplo, durante los confinamientos causados por COVID-19, el trabajo a distancia en entornos de oficina pasó rápidamente de ser una opción a una necesidad, casi de la noche a la mañana. Esto hizo que las empresas tuvieran que adelantar entre dos y cinco años la inversión y la transformación en un modelo "digital a escala". La tecnología desempeñó un papel central durante los confinamientos de 2020 y la aceleración de la actividad económica durante la reapertura en 2021, pero esta dependencia también ha creado una mayor "superficie de ataque" cibernética, presentando más vulnerabilidades potenciales de seguridad a los actores maliciosos. Al mismo tiempo, la interrupción de negocio, que se preveía que ocupase el número siete, ocupa el segundo lugar en la lista de los 10 principales riesgos. Los participantes de Asia-Pacífico y Europa la han situado en el primer puesto, al igual que los participantes de estos tres sectores: energía, servicios públicos y recursos naturales; hostelería, viajes y ocio; y ciencias de la vida. Los confinamientos inducidos por la pandemia, junto con un perfil de amenaza en constante adaptación, han contribuido a esta alta clasificación. La pandemia ha sido uno de los catalizadores de la alta clasificación del fallo en la cadena de suministro o la distribución, junto con una serie de eventos de gran repercusión, el cambio regulatorio y eventos climáticos importantes. Como consecuencia, la cadena de suministro ha vuelto a ascender a la lista de los 10 principales riesgos, tras ocupar el puesto 19 en 2017. Para muchas organizaciones, las definiciones de fallo en la cadena de suministro y de interrupción de negocio se han ampliado, pasando de basarse en el evento a basarse en el impacto, pero también pasando de la propiedad a la no propiedad. El reto al que se enfrentan las empresas hoy en día es el de fomentar la resiliencia en un momento en el que muchas buscarán seguir eliminando los costes e ineficiencias percibidas. La pandemia de COVID-19 desencadenó una recesión económica mundial, asegurando que la desaceleración económica / recuperación lenta económica siga siendo uno de los tres principales riesgos en la encuesta de Aon. Una amenaza relacionada, el riesgo del precio de productos básicos / escasez de materias primas, ha registrado su clasificación más alta (en el puesto cuatro) desde que se añadió a la lista de Aon en 2009. En los primeros días de la pandemia, cuando industrias enteras se paralizaron abruptamente, el mercado de productos básicos experimentó una volatilidad similar. Los precios del petróleo y los metales se desplomaron al reducirse la demanda debido a los confinamientos. Las interrupciones en la cadena de suministro también provocaron una grave escasez de materias primas. Ahora que el mundo se está recuperando lentamente de la pandemia, el riesgo se ha redefinido, debido a la presión que sufre la disponibilidad de materias primas para fabricar productos que de pronto son muy demandados. Mientras nos movemos a un ritmo rápido para conseguir la remodelación, la pandemia ha cambiado el perfil de muchos de nuestros riesgos existentes, poniendo en duda nuestra capacidad para gestionarlos y financiarlos, y planteando nuevas exigencias del mercado de los seguros para continuar siendo relevantes.

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Riesgos infravalorados

Creemos que los participantes en la encuesta han infravalorado los siguientes riesgos:

Medioambiente, social y gobernanza (ESG)

En la encuesta de Aon de 2021, ESG sólo ocupa el puesto 31 en la clasificación general. Sin embargo, ocupa el sexto lugar entre los encuestados de Japón. Las estrategias de ESG son un elemento central de la mayoría de los planes de negocio hoy en día, y con estas estrategias, vienen nuevos riesgos. Los cuerpos reguladores cada vez exigen más a las empresas que adopten iniciativas de ESG transparentes y eficaces. La infravaloración de este riesgo podría atribuirse al hecho de que muchos participantes clasifican ESG predominantemente como una exposición regulatoria en la actualidad, o un impulsor del daño a la reputación, ambos de los cuales figuran en la lista de los 10 principales riesgos. En cualquier caso, predecimos que el cambio climático se convertirá en el próximo gran foco de atención de las empresas y entrará en el top 15 de la futura encuesta.

Cambio climático

Este riesgo ha pasado del puesto 31 en la encuesta de Aon de 2019 al 23 en la actual. A pesar de esta subida, no está clasificado como uno de los 10 principales riesgos. Los participantes no consideran que el cambio climático vaya a suponer una amenaza prioritaria, ni siquiera dentro de 3 años, lo que nos sorprende. Desde la perspectiva de Aon, el cambio climático no es sólo un riesgo emergente. Es un riesgo urgente. Según el informe de Aon "Global Catastrophe Recap: First Half of 2021", que evalúa el impacto de los eventos de desastres naturales ocurridos en todo el mundo, las pérdidas aseguradas por desastres naturales alcanzaron en la primera mitad de 2021 la mayor suma de los últimos 10 años: 42.000 millones de dólares. Planificar de nuevas maneras se ha convertido en una necesidad por la realidad del cambio climático, que presenta una amenaza sistémica que va a justificar un cambio completamente fundamental en cuanto a la forma de pensar de las empresas y nuestra forma de planificar el futuro.

Responsabilidad personal (alta dirección)

Este riesgo ha descendido a su posición más baja, la 45, a pesar de las evidentes presiones sobre la capacidad y el coste de D&O (alta dirección) en el mercado. Tal vez los participantes no perciban la responsabilidad personal como un riesgo en sí mismo, sino como un impacto de una serie de otros eventos de riesgo o una solución en forma de seguro.

Tecnologías disruptivas

Este riesgo se introdujo como novedad en 2017 y comenzó en el puesto 20 antes de subir al 14 en la encuesta de 2019. Se preveía que las tecnologías disruptivas se situaran en el puesto ocho en Europa y en el nueve en América del Norte, pero han bajado al 30. Sin embargo, como la pandemia ha acelerado los avances tecnológicos en algunas industrias, los participantes pueden considerarlo un riesgo menos desconocido en el futuro.

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Riesgos previstos para 2024

Los encuestados no prevén cambios a gran escala en la importancia relativa de los riesgos en el futuro. Por ejemplo, se prevé que el riesgo cibernético ocupe el primer lugar a nivel mundial y en América del Norte en el futuro. Detrás de esta tendencia puede estar la rápida evolución de las definiciones y los perfiles de los riesgos existentes, en áreas como la interrupción de negocio, la cadena de suministro y el ámbito cibernético. Las empresas encuestadas en América del Norte han previsto que, dentro de tres años, la incapacidad para atraer o retener a los talentos volverá a ser una prioridad, ya que ha descendido de puesto y en la encuesta actual ya no se encuentra en la lista general de los 10 principales riesgos. Esta percepción refleja el rumbo de la fuerza laboral en Estados Unidos. El censo de 2020 muestra la tasa de natalidad más baja desde la década de la Depresión de los años 30. Los datos reflejan un menor número de personas en la plenitud de su vida laboral, menos inmigrantes en edad de trabajar y más jubilados del baby boom. La situación en Estados Unidos se ve agravada por los cambios en la política de inmigración del país y por los subsidios relacionados con la pandemia, que muchos creen que desincentivan el empleo. Las organizaciones de la región de Asia-Pacífico también consideran que la incapacidad para atraer o retener a los talentos es uno de los 10 principales riesgos del futuro, ya que los problemas de la disminución de la natalidad y el envejecimiento de la población están empezando a repercutir en los trabajadores disponibles. En general, este riesgo también puede estar relacionado con la evolución de la propuesta de valor a los empleados, ya que los trabajadores eligen ahora a sus empleadores no sólo en función del puesto y la remuneración, sino también de los valores de la empresa. Las empresas del Reino Unido, que han experimentado escasez de fuerza laboral como consecuencia del Brexit, perciben este riesgo como uno de los seis principales en la actualidad, pero no esperan que siga siendo una amenaza clave en el futuro. Aunque la pandemia haya eclipsado temporalmente las consecuencias del Brexit para el Reino Unido en el primer semestre de 2021, prevemos que la incapacidad para atraer o retener a los talentos se convertirá en un problema mayor en los próximos años para el país y para la UE en general.

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Preparación frente al riesgo y pérdida de ingresos declarada

Cada año investigamos el grado de preparación frente al riesgo de una organización, porque sirve para medir la actividad, la sofisticación y el dinamismo de la gestión de riesgos. A pesar de las circunstancias excepcionales que rodean a la pandemia mundial (o tal vez debido a ellas), un mayor número de organizaciones dispone ahora de planes para abordar y gestionar los riesgos. La preparación general frente a los 10 principales riesgos aumentó del 51% en 2019 al 58% en 2021, ya que la concienciación sobre ellos ha aumentado, invirtiendo la tendencia a la baja de las encuestas anteriores. Sin embargo, la creciente volatilidad y la naturaleza cambiante de los 10 principales riesgos han dado lugar a la mayor pérdida de ingresos declarada por las empresas hasta el momento, a pesar de un aumento en los niveles de preparación frente al riesgo declarados. La pérdida media de ingresos declarada causada por los 10 principales riesgos ha experimentado un aumento del 10%, el mayor incremento desde la primera encuesta de Aon en 2007. A pesar del aumento de las pérdidas de ingresos declaradas, sólo el 29% de los encuestados tiene previsto aumentar su nivel de inversión en recursos de gestión de riesgos. Alrededor del 63% afirma que mantendrá los niveles de inversión en recursos de gestión de riesgos para apoyar su agenda de riesgos en los próximos 12 meses, y el 4% incluso planea reducir sus recursos. Casi el 60 % de los participantes en la encuesta no miden el coste total del riesgo asegurable, siendo Asia-Pacífico la región con el porcentaje más bajo de participantes que miden el coste total del riesgo asegurable, con un 33 %. Sólo el 36% afirma que su empresa evalúa de forma proactiva sus riesgos más críticos y emergentes a través de los procesos de fusiones, adquisiciones y desinversiones. Esto demuestra que la mayoría de las empresas, independientemente de su sector y tamaño, no evalúan de forma proactiva sus riesgos críticos y emergentes como parte del proceso de negociación, probablemente porque la gestión de riesgos no suele ser una parte integral de los procesos de planificación de fusiones, adquisiciones y desinversiones. Esta falta de supervisión de los riesgos en las operaciones de las empresas puede acabar repercutiendo en el valor o la seguridad de la inversión.

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Divergencia regional

Desde una perspectiva regional, existe cierta coherencia, ya que hay cuatro riesgos clave que se citan en todas las regiones: ciberataques / violación de datos, interrupción de negocio, desaceleración económica / recuperación lenta y cambios regulatorios / legislativos. Al mismo tiempo, el riesgo de pandemia y crisis de salud ocupa un lugar destacado en la lista de los 10 principales riesgos actuales y futuros en todas las regiones, excepto en América del Norte, donde los participantes lo han clasificado en el puesto 12 y siguen indecisos sobre su clasificación futura. Esto podría atribuirse al creciente optimismo que se observó en el segundo trimestre de 2021, cuando los nuevos contagios se redujeron en general y un mayor número de personas completó su pauta de vacunación. Con el aumento de los casos de COVID-19 en verano y otoño, estas percepciones podrían cambiar.

El riesgo del precio de productos básicos / escasez de materias primas se percibe como uno de los 10 principales riesgos en todas las regiones, excepto en Asia-Pacífico, que lo sitúa en el puesto 12. La diferencia en la clasificación podría ser un reflejo del perfil industrial de nuestros encuestados de Asia, así como de los elevados precios de los productos básicos y la escasez de materias primas a partir del repunte del crecimiento económico en Europa y América del Norte.

Del mismo modo, las empresas de Europa y América del Norte clasificaron el riesgo de fallo en la cadena de suministro o la distribución en los puestos cinco y seis, respectivamente, mientras que otras regiones lo perciben como una amenaza menor. Esto se debe a que las economías avanzadas occidentales dependen en gran medida de los proveedores mundiales para mejorar el coste y la eficiencia de sus operaciones. Los confinamientos y cierres de fronteras han afectado de forma desproporcionada a las empresas de estas regiones.

En América del Norte, las crisis de reputación de las empresas, desde el fraude financiero y la negligencia en la salud de los empleados hasta los mensajes racistas en la publicidad y los tweets inapropiados de los ejecutivos, dominan con frecuencia los titulares. Como resultado, los participantes de América del Norte clasificaron el daño a la reputación o marca en tercer lugar. Al mismo tiempo, los encuestados de América Latina y los de Oriente Medio y África sólo la situaron en el puesto 13. Un veterano experto en relaciones públicas bromeó: "Si ibas a tener un desastre de relaciones públicas, este era el año para hacerlo" En otras palabras, el devastador impacto de la pandemia mundial en las empresas de estas regiones ha eclipsado la preocupación del público por los problemas de reputación de las empresas.

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Perspectivas estratégicas: riesgos de cola larga

El rápido ritmo de la transformación social y tecnológica ha hecho que se preste más atención a las nuevas formas de volatilidad, y a lo que Aon denomina los seis riesgos de cola larga: ciberseguridad, daños a la marca y la reputación, riesgo de la cadena de suministro compleja, pandemia, propiedad intelectual y transición climática. Si examinamos los resultados de la encuesta, cuatro de los seis riesgos de cola larga están representados en la lista de los 10 principales. Estos riesgos interconectados están en la mente de las empresas debido a su naturaleza compleja y a las exposiciones de cola larga. Las empresas tienden a comprender peor estos riesgos, ya sea porque son nuevos o porque tiene un ritmo acelerado o un perfil cambiante. Para ello, las empresas deben revisar la evaluación de los riesgos y la cuantificación de los escenarios, y poner a prueba de forma rigurosa la validez de los programas existentes de gestión y financiación de los riesgos.

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Tomar las mejores decisiones para dar forma al futuro

El impacto de la pandemia de COVID-19 ha demostrado la naturaleza interconectada del riesgo. Los perfiles de riesgo han estado y siguen estando en un estado de cambio a medida que las empresas y las economías emergen de la pandemia. Como muestra nuestro estudio, los riesgos de cola larga se han convertido en una parte importante del panorama de riesgos: el riesgo cibernético se ha incrementado a medida que ha aumentado la dependencia de la tecnología, y la economía y el comercio mundial se han visto afectados por confinamientos sin precedentes en todo el mundo. También hay riesgos que todavía son relativamente nuevos para muchas empresas. Hay mucho margen de mejora en la comprensión, preparación y capacidad de las empresas para gestionar y transferir riesgos como los relacionados con el cambio climático, la cadena de suministro / distribución o los aspectos medioambientales, sociales y de gobernanza. El clima empresarial en 2021 ha experimentado una tormenta perfecta: los modelos de negocio se están reconfigurando, mientras que las organizaciones de todo el mundo están respondiendo y, al mismo tiempo, se están recuperando de la serie de retos, nunca antes vistos, que ha planteado la pandemia de COVID-19. Las grandes pérdidas económicas derivadas de las catástrofes naturales de gran magnitud y de los eventos provocados por el hombre siguen acechando y afectando negativamente tanto a las empresas como al sustento de las personas. Al mismo tiempo, los mercados de seguros ven unas condiciones de mercado difíciles para las exposiciones tradicionales y un interés limitado por las emergentes. Como organización, nos dedicamos a buscar soluciones innovadoras que aborden tanto los riesgos conocidos como los emergentes. Ya sea a través de datos propios o análisis de última generación, nuestro propósito es permitir a nuestros clientes tomar las mejores decisiones y gestionar la volatilidad a escala. Históricamente, hemos aprendido y tomado decisiones analizando los datos de los siniestros a medida que se producían. Con la actual ausencia de datos históricos, el reto será pensar en el futuro cómo desarrollar mejor las soluciones para prepararse y gestionar adecuadamente.

Para afrontar estos retos, sugerimos que las organizaciones se centren en estas prioridades clave:

  1. Comprender las nuevas formas de volatilidad: desarrollar una comprensión de las soluciones integrales de gestión de riesgos para resolver las amenazas emergentes y los riesgos de cola larga (riesgos susceptibles de causar siniestros tardíos o de aparición diferida).
  2. Considerar el acceso a una nueva forma de capital: comprender cómo crear fuentes alternativas de capital que apoyen la asunción de riesgos y preserven el capital existente para hacer frente a los recientes ciclos duros del mercado y a la falta de capacidad relativa a los riesgos emergentes
  3. Fomentar una fuerza laboral resiliente: considerar el papel de todos los empleados en la creación de soluciones y la gestión de los retos derivados de las distintas amenazas, incluida la forma en que el futuro del trabajo se verá afectado y seguirá evolucionando.

Clasificación de riesgos de la Encuesta Global de Gestión de Riesgos

Perfil del encuestado

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